Fernando.
Al fin en mi increíble casa donde no existen los problemas, el odio o el rencor, donde todo lo bueno de la vida lo tengo frente a mis ojos —¡Papito, papito! Llegaste —Gritan mis mellizos Diego y Natalia.
He inmediatamente se abalanzan sobre mí, para llenarme de los besos más tiernos que pueden existir en este mundo. Mi princesa me repite muchas veces que me ama mientras tiene una pequeña Barbie en una de sus manos y con la otra se sostiene por mi cuello. En definitiva todo se vuelve p