Cuando mis nervios se apoderan solo hablo bobadas y me sonrojo. Él camina hacia mí, me sostiene las mejillas y sus ojos en los míos me anclan.
—Un hijo no cambia nada, te amo y si estás esperando un bebé los amaré a ambos. Somos jóvenes y esperaba ser padre en buen tiempo —abrió sus ojos enormes—. Mis planes eran para cuando nos invadieran los alíen, tal vez, pero si viene uno lo cuidaremos —su seguridad me hace enternecerme—. Jamás me niegues este proceso, no tengas miedo en incluirme en las