El rey licano se irguió mientras se sacudía la nieve de su pelaje, agudizó la vista para ver dónde se encontraba Laila, recorrió su mirada por todas partes y no la encontraba, sin embargo, las carcajadas de ella se oían por todas partes como un eco. Comenzó a gruñir con fuerza por la desilusión de no encontrarla, subió la colina a velocidad usando sus fuertes patas traseras y sus garras poderosas.
Al llegar arriba solamente percibió su dulce aroma, en un momento volvió a recuperar su humanidad