La Fundación Isabella cumplía un año.
Y alguien quería que ese día fuera el último.
Las dos cosas eran ciertas al mismo tiempo, y Valentina había decidido que solo una de ellas iba a ocupar espacio en las próximas horas.
Llegó al hotel a las seis y media con ocho meses de embarazo, el traje azul que había mandado hacer específicamente porque el vientre no encajaba ya en ninguna otra cosa que tuviera en el armario, y la carpeta con el discurso que no pensaba leer porque los discursos que se leen