Clara
No lo veo venir. Un segundo estoy intentando mantener la compostura después de todo lo que pasó en esa oficina, todavía con el pecho apretado por la humillación y la rabia, y al siguiente su mano me sujeta con firmeza y su boca está sobre la mía.
Mi mente deja de funcionar. El calor de su cuerpo me envuelve antes de que pueda reaccionar, su mano firme en mi brazo, su respiración desordenada, el contacto inesperado que me deja completamente en blanco. No es un beso dulce, sino cargado de f