Nathaniel
Han pasado dos días desde la llamada del abogado y la muerte de Evelyn. Me miro al espejo con una calma que me habría parecido insolente si no supiera cuánto me ha costado llegar hasta aquí. La corbata me cuelga a medio anudar sobre el cuello de la camisa negra, impecable, y durante un segundo me permito observar mi propio reflejo con una satisfacción muy cercana al alivio. Ya está. Evelyn está muerta, el bebé no llegó a nacer, Sebastian está demasiado roto para pensar con claridad, y