Los cuerpos se movían al mismo ritmo, encontrándose con precisión y deseo. El calor entre ellos crecía a cada segundo, las respiraciones se entrelazaban, los gemidos se mezclaban con el silencio de la madrugada.
—Eloise… —murmuró él entre dientes, con la voz ronca, acelerando los movimientos—. No voy a aguantar…
Ella gimió fuerte, las uñas marcando su espalda, el cuerpo arqueándose bajo el suyo.
—Augusto… —susurró entre suspiros entrecortados, la voz temblorosa de placer—. No pares… por favor