* * * * * * * * * Bayá * * * * * * * * * *
—Otro día más —susurro al salir de mi habitación, con portafolio en mano, para dirigirme a mi comedor para desayunar.
—Señor, buen día — saluda mi mayordomo cuando me ve.
—¿Cómo se está comportando?
—La señora ha estado tranquila, señor
—¿Sigue durmiendo? —pregunto serio al dirigirme al comedor—. No la he escuchado gritar —señalo algo sorprendido, pues lo que había venido haciendo los últimos días.
—Sí, señor. Ayer la seño...
—No digas nada. No m