Lavo los platos y me acerco a la habitación de nuevo, ha dejado de llorar, supongo que se quedó dormida. Entro y cierro la puerta, me acuesto a su lado y la arropo, tiene el rostro rojo y con rastro de lágrimas.
Es mejor dejarla ir. Nunca sabré si tuvo que ver con el asesinato de mi hermano, pero ya no estoy seguro de que haya sido así, no se había dado cuenta de lo del dinero, no tenía nada aparte, trabaja para reunir dinero, si lo hizo no fue por dinero.
«Alguien mató a Mauricio, pero parece q