Serena
Llevo dos días sin ir a la empresa y siento que estoy cometiendo un pecado grave. Todavía no me siento bien y no tengo deseos de hacer nada; sin embargo, prefiero venir a trabajar a quedarme todo el día, tumbada en la cama llorando.
Eso me recuerda que debo hablar con Ian y... romperle el corazón.
Las lágrimas se acumulan en las cuencas de mis ojos y tengo que respirar profundo para que estas no se derramen.
«Todo estará bien, es lo mejor», me autoconvenzo o, por lo menos, trato de hacer