Leonel, que la observaba en silencio, pareció leerle los pensamientos.
—Aprovecha este momento, amor —dijo con una sonrisa tranquila—. Es hora de que tu madre recupere algo de lo que la vida le quitó. Y en cuanto a la familia Torres... aún quedan otros.
Silvina negó con la cabeza.
—No vale la pena, Leonel. Los muertos no regresan. Solo quiero que este bebé llegue al mundo sano y salvo. Con eso me basta.
En ese instante, el médico, que se mantenía al margen, pareció dudar.
Leonel notó su vacilac