Capítulo 62: No me digas que me quieres.
Aquella frase cortó todo sonido en la habitación, incluso el generado por la secadora de cabello. Mientras el continuaba secando el cabello de su esposa con delicadeza y ella estaba sentada muda sin saber qué decir.
-Listo, ya he terminado. Ahora cámbiate, no quiero que te enfermes.
-...
(¿Qué ha sido todo esto?)
-Me daré la vuelta y cerraré los ojos para que no vayas hasta el baño, no camines, tus pies están hinchados.
(¿Eh?)
Sofía miró sus pies y era verdad, eran como dos tamalitos rellenitos