Los guardaespaldas me arrastraron a la salida y me soltaron después de cerrar los portones de la entrada.
Mis lágrimas continuaban cayendo, me senté a un lado de la entrada y continué llorando como un bebé, una mano acarició mi hombro.
Era mi madre.
-Hijo, lo que hiciste fue imprudente…
-...
La miré con reproche y tal vez con rencor, porque pude ver que la herí, su expresión fue de dolor al verme.
-¿Y qué se supone que debía hacer entonces, madre?
-No lo sé, pero… ¿Por qué irrumpiste así?