Mordió sus labios y cerró los ojos. La voz gruesa la asustó.
-Acuéstate.
Tragó saliva y obedeció, se acostó y cerró los ojos intentando ignorar el terror, la angustia, el asco. Las lágrimas caían por su rostro mientras aquel hombre comenzaba a acariciar sus piernas y besar su cuello con una lujuria incontenible. Sus manos rozando sus pechos encima de la tela, un gemido se escapó de los labios de aquel hombre al sentir los pezones de Sofía, pero ella, ella sólo sentía pavor.
Apretó los puños in