En el jardín Sofía ya no pudo aguantar más y se soltó a llorar amargamente, había sido humillada, golpeada, insultada y nadie había metido un sólo dedo para defenderla, ni siquiera la persona que se suponía debía hacerlo, la única que se suponía tenía la capacidad y autoridad suficiente para defenderla, estar en esa casa en ese momento era casi como estar en casa de Irina.
Ella no valía nada para nadie, querían proteger el secreto pero eso no la protegía a ella de los abusos.
Sin darse cuenta