Mientras las dudas y la desconfianza comenzaban a hacerse un espacio en la cabeza de Michael, Sofía subía con el té listo. Él ni siquiera se había quitado la ropa, al entrar lo vio sentado meditabundo y sintió pena por él, fingió estar molesta e hizo un mohín con la boca.
-Aquí está el té, ni siquiera te has quitado la ropa.
Vamos, tómalo antes de que se enfríe. Yo te ayudaré a quitarte la ropa.
-...
-Michael, se que ese sueño te perturbó, pero de verdad no tienes nada de qué preocuparte, yo no