El pasillo parecía alargarse infinitamente. Cada paso resonaba como un compás rítmico que anunciaba su llegada. Taylor caminaba con decisión, sin prisa, pero con una firmeza que delataba la silenciosa posesión de lo que llevaba entre sus brazos. Detrás de ellos, las risas de la familia sonaban como un coro lejano, mezclados con el suave crujido del viejo suelo de madera y el aroma de la cera que impregnaba toda la casa. Pero nada de eso lo afectaba; recorría aquel tramo como si solo existiera e