La habitación estaba sumergida en un silencio casi reverente, el tipo de silencio que amplifica cada sonido mínimo. El discreto retumbar de la cama bajo el peso de los cuerpos, el roce de la tela contra la piel, la respiración entrecortada que se mezclaba y llenaba todo el espacio. Era como si el mundo exterior hubiera desaparecido, y sólo quedara el calor que se acumulaba entre ellos.
Taylor la había anidado en sus brazos, de concha, el cuerpo grande pegado al suyo en un encaje perfecto, como