Después del paseo a caballo, el cuerpo de Lila aún vibraba con la adrenalina de la cabalgata sobre Diablo, pero había una ligereza diferente en su pecho. Caminaba de regreso a la casa junto a Catarina, riendo como si fueran amigas de la infancia y no cuñadas que apenas comenzaban a estrechar lazos. El viento traía el fresco aroma de la hierba mojada, mezclado con el calor del sol, que ya caía con más fuerza, tiñendo todo de un tono dorado. El cielo, limpio y de un azul intenso, parecía una pint