Catarina y Lila regresaban por el sendero que atravesaba la hacienda, todavía mojadas después del baño en la cascada. El sol del mediodía iluminaba el campo, reflejándose sobre la piel húmeda de ambas, mientras la brisa fresca traía el aroma del pasto recién cortado. Lila caminaba en silencio, con los pensamientos aún atrapados en la delicada conversación que había tenido con su cuñada. Catarina, en cambio, parecía despreocupada y ligera, tarareando una melodía en voz baja.
De pronto, el sonido