El Descubrimiento.
No reviso el mensaje de inmediato, permanece en mi teléfono como una anomalía silenciosa, una presencia que no exige atención porque sabe que la tendrá de todas formas.
Lo leo una vez, lo suficiente para que las palabras se graben con precisión incómoda, y luego bloqueo la pantalla sin responder, sin siquiera considerar la posibilidad de hacerlo, como si cualquier acción visible en relación con él pudiera activar algo que aun no entiendo del todo.
“Pregúntale por su madre.”
La instrucción no es