Estaban de vuelta en la mesa, compartiendo un momento incomodo del que solo Ben se salvaba, tenía sentido, él era el único que no sabía qué estaba ocurriendo. Se compartían reproches e insinuaciones a través de las miradas punzantes que cada tanto se desviaban, las palabras sobraban.
-Quiero hacer un brindis. –propuso alzando su copa. Los demás lo imitaron. –Por el amor que los une. Arthur, Lauren, siéntanse bendecidos por haber encontrado lo que pocos encuentran; un amor de verdad.