Aguardó despierta hasta que su esposo llegara. Lo que tenía por decirle era demasiado importante como para esperar al amanecer. Cuando Arthur cruzó la puerta, pasaba de la medianoche. Tan acostumbrada estaba a que saliera a beber unas cuantas copas, que el perfume a licor no le sorprendió en lo absoluto. Sin embargo, contaba con la seguridad de que estaba lo bastante sobrio para atender la conversación. Empezó refiriéndose a los resultados de los exámenes, nada novedoso para Arthur quien ya hab