A mediodía el sol, más que alumbrar, quemaba, bronceando la piel blanca de Leslie quien echaba de menos estar tumbada sobre la arena en la playa de St. Mónica, esperando que la hora de comida convoque, sino a todos, a una cuantiosa cantidad de turistas a los chiringuitos vaciando a su comodidad las vacilantes aguas cristalinas del mar. En lugar de esto esperaba, sentada y tranquila, en una terraza bar cerca a las oficinas Crawley, a su hermano desprovisto del sentido de la puntualidad. Le desen