El documento llegó a las nueve de la mañana.
Julián lo abrió en el despacho con el café todavía caliente en la mano. Lo leyó una vez. Lo cerró. Lo volvió a abrir.
Lo leyó tres veces más.
Luego llamó a Camila.
Camila estaba en el estudio de Malasaña cuando sonó el teléfono.
Había llegado temprano. Los planos de Lavapiés sobre la mesa larga, una taza de té frío que había olvidado beber, la luz gris de Madrid entrando por los ventanales. Llevaba dos horas trabajando sin pensar en el mensaje de Emi