CAPÍTULO 86: DESAHOGO
Las horas en el hospital pasan como una tortura agónica y lenta. No puedo dejar de llorar. Una vez más lo he perdido todo, una vez más el destino se encarga de arrebatarme lo que más quiero. Abrazo mi vientre con fuerza llorando al hijo que ni siquiera pude conocer, ni siquiera pude saber si era niño o niña…
Alguien toca a la puerta, limpio mis lágrimas rápidamente al tiempo que Becca entra en la habitación. Tiene un cabestrillo en el brazo izquierdo y aunque intenta camin