CAPÍTULO 48: EL RODEO
El gran día finalmente llegó. Estaba segura de que podría hacerlo, pero ahora que me veo a pocos minutos del evento siento un nudo en el estómago que me impide respirar. El bullicio de la gente, el presentador animando y anunciando lo que se hará en el evento, los caballos relinchando y el golpeteo incesante de mi corazón hacen que el pánico se apodere de mí.
—No puedo hacerlo —susurro, el miedo se filtra en cada palabra—. No puedo —jadeo, perdiendo el control de mi cuerpo