CAPÍTULO 30: NO PUEDO GUARDAR RENCOR
Entre el nerviosismo de Lucía y mi ansiedad, comienzo a creer que es una terrible idea, sin embargo, no me detengo en mi misión.
—Vamos Lucía, tú te quedas ahí afuera en el pasillo y me avisas si es que viene alguien, ¿entiendes?
—Pero y si… y si él llega o la señora Camila.
—Tocas la puerta, los distraes un poco hasta que yo pueda salir, ¿está bien? De todos modos no debería haber problema, los escuché decir que irían al almorzar.
—Ay no sé seño… digo, Isa