CAPÍTULO 134: MIEDO
El frío suelo de la sala parece clavarse en mis rodillas, pero el dolor físico es insignificante comparado con el terror que me consume por dentro. Estoy amarrada, arrodillada al lado de Edward, y la presión de las cuerdas en mis muñecas apenas la siento. Todo mi enfoque está en la pistola que Camila sostiene con mano temblorosa, su rostro está deformado por una sonrisa torcida, una locura que ha ido escalando en ella hasta este punto.
Edward y yo nos miramos de reojo, la pr