CAPÍTULO 110: YA NO MÁS
Mi mano tiembla antes de abrir la puerta de la hacienda. Tengo miedo de encontrarme con la mirada de cordero de mi padre, o peor, que finalmente me muestre su verdadera cara. El corazón me palpita con fuerza, pero finalmente me armo de valor y entro.
Como Ricardo lo había prometido, ahí está mi padre, de rodillas ante mí en el medio de la sala. Solo se encuentra Ricardo, aunque percibo a Dan desde las sombras de un muro.
—Aquí está la sabandija —dice Ricardo señalándolo.