CAPÍTULO 10: ENTREGADA AL DIABLO
Ricardo se deshace de lo que queda de mi ropa con precisión. Sin titubear me sujeta de los brazos elevándolos sobre mi cabeza y su boca busca desesperada la mía. Sus besos son pasionales, bruscos, no hay ni una pizca de amor en ellos. Me siento como la presa de una bestia que sacia sus instintos salvajes.
Su boca se desliza por mi cuello, muerde mi piel y el dolor se mezcla con una corriente inesperada de placer que me hace g3mir sin querer. Estoy en shock, no p