Miguel ya estaba harto de estar encerrado en la casa porque su padre no lo dejaba salir para ir a cobrar una justa venganza contra esa estúpida mujer.
En eso vio que su padre terminaba de hablar por teléfono, el cual se miraba muy feliz y emocionado mientras terminaba la llamada para regresar a la mesa donde el rubio estaba sentado comiendo en esos momentos.
- Parece que las cosas llegaron a ese punto – opinó divertido el mayor mientras se servía un poco más de vino antes de seguir disfrutando