Nicolás vio cómo su mujer se alejaba en el vehículo a gran velocidad, hasta hacerse un punto negro a lo lejos.
-¡Eres un idiota!- se gritó a sí mismo. Quería golpearse, lastimarse. La había cagado y todo porque se hizo una idea errónea. Carla tenía razón, ella podía tener amigos, no quería encerrarla en una jaula e impedirle que tuviera relaciones con otras personas tan solo porque él era un maldito inseguro.
Entró derrotado dentro de la casa, no podía seguirla, no iba a dejar a sus niños sol