Emily
Mi vida en el orfanato era una sombra de lo que es ahora. Las monjas nunca mostraron una pizca de compasión, y los otros niños... bueno, ellos se encargaban de hacerme saber que no pertenecía ahí. Recuerdo que me obligaban a sentarme en el suelo, mientras las demás niñas reían y jugaban entre ellas. Cualquier pequeño error, una palabra mal pronunciada, y me golpeaban o, peor, me cortaban el cabello. Me arrebataron la única parte de mí que me hacía sentir segura: mi largo cabello.
Entonc