El techo era blanco otra vez.
Parpadeó mirándolo. Era un techo equivocado, no el del motel, no el de su apartamento. El blanco de un hospital, ese blanco que no se parece a ningún otro en el mundo.
Intentó incorporarse.
El dolor se extendió por su cuerpo en una ola lenta y dejó de intentarlo.
Se quedó quieta e intentó reconstruir lo último que recordaba. La bolsa de la compra. La sudadera. El camino de regreso al motel. Los faros girando hacia ella en el ángulo equivocado, el sonido de los