Se despertó al sentir un peso sobre la cama.
Un peso pequeño y ágil, que aterrizó directamente sobre sus piernas y luego se escabulló hacia arriba. Abrió los ojos y allí estaba Cecilia, sentada en su regazo, con ambos brazos rodeándole el cuello antes de que Valentina hubiera recuperado del todo la conciencia.
—Estás despierta. —Cecilia se apartó y la miró a la cara con esa expresión seria y preocupada que solía poner—. ¿Estás bien?
«Estoy bien». Aún estaba recuperando la voz. «Buenos días».
«P