El camino de vuelta al resort fue fácil.
Ese tipo de facilidad que llega después de un buen día —no el silencio forzado de dos personas que evitan algo, sino el verdadero, cómodo y sin prisa. Valentina tenía la cabeza apoyada contra el asiento, los ojos entrecerrados y el paisaje vespertino pasando por la ventanilla, y por un rato dejó que las cosas fueran lo que eran sin analizarlas.
Reprodujo el día en su mente. La pista, el coche, los gritos que había fingido que no eran gritos. El paddock,