Isabella odia que traten mal a su hijo, esa pobre criatura que a sido demasiado fuerte para sobrevivir en este mundo.
La sonrrisa de Isabella se vuelve llena de maldad y luego se gira con elegancia
—no voy a caer en tu juego de mujerzuela ardida. Por qué yo voy a disfrutar de la envidia que me tienes por ser yo la esposa de Cristian y madre de su hijo, ¿pensaste que ibas hacer la señora Smith?, Pobre de ti, estás por lo muy bajo.
Isabella se marcha como si las palabras de Sonia no le hubieran a