Camila se quedó en silencio al escuchar las palabras de su suegro. Esas palabras le atravesaron el corazón como cuchillos, haciendo que su pecho se oprimiera y su estómago se revolviera. Abrazó a Lucía con más fuerza, protegiendo a su bebé de las afiladas palabras que le lanzaban. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, pero las contuvo con todas sus fuerzas.
—Nunca he olvidado a Matías. Nunca lo olvidaré. Él era mi esposo, el padre de mi hija, y lo amo. Pero...
—¿Pero qué? —interrump