Sentí a Luca tensarse a mi lado. Todo su cuerpo se volvió rígido como una estatua de mármol, y su respiración se detuvo por un instante. El aire en la habitación se volvió de repente pesado, lleno de una tensión que casi podía cortarse con un cuchillo.
Vittorio sonrió, la misma sonrisa de antes, una sonrisa que parecía amable pero que escondía algo siniestro detrás. Miró a Luca con ojos afilados, esperando una respuesta.
—Pregunté dónde tienes encerrada a Serafina. Porque la he buscado por toda