Lo abracé con fuerza, dejando que mis lágrimas se mezclaran con las suyas. Nos quedamos allí un buen rato, dándonos fuerzas en medio de aquella sala tan majestuosa. Finalmente, Luca respiró hondo y se separó del abrazo. Se secó el rostro con el dorso de la mano, intentando recuperar la calma.
—Hay una cosa más que debo decirte. Ya ordené a mis hombres que gestionaran tu renuncia en el hospital de Estados Unidos. Y ya pagué la indemnización.
Lo miré con asombro. —¿Hiciste eso?
Asintió. —No quier