Llegué a casa con el corazón muy pesado. Ese día había sido realmente agotador, tanto física como mentalmente. El hombre misterioso de la herida de bala no dejaba de atormentarme; sus palabras sobre Luca y el tráfico de órganos resonaban en mis oídos. Intentaba convencerme de que eran solo rumores, de que ese hombre era solo un provocador, pero una parte de mí lo dudaba todo.
Me senté en el sofá de la sala, tratando de calmarme. Mi teléfono estaba sobre la mesa, y de vez en cuando lo miraba, es