Miré a Ethan con frialdad. Su rostro, que antes era atractivo, ahora se veía desaliñado, cansado y lleno de desesperación. Olivia seguía llorando a su lado, con las manos sobre su vientre abultado como si protegiera a su bebé de la devastadora realidad.
—Lo siento. Sé que esas palabras no son suficientes. Sé que destruí tu vida, pero quiero que sepas que de verdad me arrepiento —dijo Ethan.
Reí con amargura.
—¿Te arrepientes? ¿Ahora? ¿Después de que te condenaran a prisión? ¿Después de que lo p