Luca se recostó a mi lado, con su mano aún rodeando mi cintura, sus dedos aún acariciando mi piel húmeda por el sudor. Miré el techo de la habitación, tenuemente iluminado, sintiendo cómo los latidos de mi corazón comenzaban a calmarse lentamente.
Pero dentro de mí, había un fuego que no se había apagado. Un deseo que aún ardía, exigiendo más. Me volví hacia Luca, viendo su rostro aún enrojecido por la pasión, su pecho todavía subiendo y bajando rápidamente.
—Luca —susurré.
Se giró hacia mí. Su