A la mañana siguiente.
Estiré mi cuerpo, sintiendo un agradable cansancio en todas mis articulaciones. Luca seguía dormido a mi lado, con su brazo rodeando mi cintura con fuerza, como si temiera que me fuera a ir.
Sonreí, recordando la noche anterior. Nuestros gemidos seguramente se habían escuchado hasta la sala. No me importaba. Que escucharan. Que supieran que amaba a mi esposo, que éramos una pareja que se deseaba.
Besé la frente de Luca con suavidad y me levanté de la cama. Tomé mi bata y