A la mañana siguiente.
El reloj marcaba las doce del mediodía cuando unos golpes en la puerta me despertaron.
—Señora, ya es hora de levantarse.
Dos mujeres entraron en la habitación. La primera era Elena, la jefa del servicio doméstico. Detrás de ella venía una mujer joven de cabello rubio corto y ojos verdes, probablemente de mi misma edad.
—Buenos días, señora. Ella es Aria, su asistente personal. Yo ayudaré a la señora a bañarse y vestirse.
¿Bañarme?
—¿Qué quiere decir?
—El señor Luca quier