REGINA
El miedo me paraliza, pero me puede más el hecho de que los ojos de Ronan no se aparten de Emir, quien balbucea sin llorar en cuanto lo vio, cada fibra de mi cuerpo tiembla de un modo que altera mi sistema, creo que estoy al borde del colapso cuando le apunto con un arma a Ronan, el padre de mi hijo.
Mi vena vengativa me dice que le dispare y que acabe con todo de una vez por todas, pero… por otra parte, siento el imperioso deseo de darme la vuelta y salir corriendo, aunque no vaya a