REGINA
Ha pasado una semana desde que soy la mujer más feliz del mundo, no hay cabida para nada más, solo para mi bebé y para mí, tenerlo entre mis brazos quita de mi mente toda la neblina negra que por las noches amenaza con arrastrarme y ahogarme en la oscuridad.
Admiro sus ojos, de un gris más intenso que el de su padre, mientras termino de alimentarlo, casi no llora y de hecho, es tranquilo, hace una semana que respira por él mismo, una larga semana en la que decidí defender este pequeño p