De la impresión Rashad se levantó de la bañera y retrocedió hasta tropezar con una estantería, provocando que se cayeran unos adornos. Sara despertó de su sueño sobresaltada, sus ojos se llenaron de vergüenza al ver el rostro de su esposo. Le arrebató la toalla de las manos y cubrió su cuerpo.
—¡Vete! —ordenó Sara
Él no se movió, solo se la quedó mirando, ella vio como sus ojos cambiaron del horror a la rabia en un instante. No pudo soportarlo.
—¡Sal de aquí! —gritó la mujer.
Rashad retroced