POV DE ARYA
En el ascensor, abracé a Dante con fuerza e intenté no pensar en la facilidad con la que Marco mentía. En lo convincente que resultaba como el esposo y padre preocupado.
Intenté con todas mis fuerzas no pensar en lo atrapada que estaba.
Logramos encontrar el ala de pediatría y entramos en la consulta. El Dr. Lombardi era un hombre de unos cincuenta años, de aspecto amable, con manos delicadas y una sonrisa cálida.
—¿Y quién es este pequeño? —preguntó, señalando a Dante.
—Es Dante —d